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DEPENDENCIA Y ENVEJECIMIENTO

Demolición de la Ley de Dependencia: Las ayudas junio 5, 2013

Filed under: BELÉN — ROSA @ 9:25 pm

Demolición de la Ley de Dependencia: Las ayudas caen un 50% en cuatro años. (obtenido de el periódico El País del día 16 de Mayo del 2013)

El Plan Nacional de Reformas 2013 prevé ahorrar 1.108 millones de euros en el sistema de ayuda a las personas dependientes.

Según el Principio de Normalidad, las personas dependientes deberían tener apoyos para poder llevar una vida relativamente autónoma. Además, la Ley de Dependencia está configurada como un derecho. La gente con deficiencias o minusvalías necesita recursos con precios elevados para poder llevar una vida digna, tales como sillas de ruedas, prótesis y atención logopédica o psicológica y atención social que les preste apoyo social y gestione el bienestar de la persona dependiente. Eso se suma al hecho de que necesitan estar acompañados la mayor parte del tiempo, por lo que sus familias no pueden trabajar o han de pagar a una persona que se encargue de esta tarea.

Debería tenerse en cuenta que las familias con necesidades especiales han de hacer frente, además de a los gastos habituales, a los gastos que conlleva una persona dependiente. Por ello resulta inconcebible que las medidas de ahorro ante la crisis se apliquen a las personas más vulnerables de nuestra sociedad

He expuesto este artículo porque me parece interesante y ha hecho replantearme y ser consciente de que por supuesto hay un gran número de personas vulnerables que necesitan la ayuda y la prestación de servicios, que “supuestamente” nos han enseñado a gestionar en la escuela. ¿Pero nos han enseñado a saber enfrentarnos a estas situaciones y poder combatirlas? Yo como trabajadora social ante esta situación  me crea una gran impotencia, no se como afrontarla y tomar medidas sobre ella sin seguir los procesos establecidos por aquellos que nos están recortando en el ejercicio de nuestra futura carrera profesional.  ¿Es ético realizar recortes  a las personas más vulnerables de la sociedad? ¿Es legítimo acabar con la ley de dependencia y con un pilar básico del estado de bienestar?.

 

Autonomía vs Paternalismo

Filed under: BELÉN — ROSA @ 8:43 pm

Durante la intervención de este caso, se me presentó el dilema entre la autonomía del usuario y el paternalismo muchas veces innato con el que interviene el profesional: los antecedentes y el caso es el siguiente:

Julio Alberto Sánchez , 58 años, usuario del Servicio de Comida a Domicilio desde el 14 de Enero de 2013, soltero y vive solo.  El usuario fue derivado a este servicio desde los Servicios Sociales del distrito La Latina. El usuario recibe desde hace cinco años la Renta Mínima de Inserción.

El usuario fue derivado con carácter urgente debido a que se encuentra en riesgo de exclusión social. Anteriormente vivía con su madre hasta que ésta falleció, actualmente vive solo.

El usuario está diagnosticado desde hace siete años de la enfermedad neurodegenerativa de Parkinson. En la actualidad, no está siendo tratado debido a que la última profesional médica le puso un tratamiento, recetándole los fármacos de Mirapexin Stalevmo y Acilek, la combinación de éstos, le produjeron paranoias y alucinaciones visuales y auditivas, por lo que tuvo que ser ingresado.

Desde entonces, ha sido tratado por la unidad de psiquiatría del Hospital Clínico de la Comunidad de Madrid, siendo medicado con Seroquel (antipsicótico) de manera continuada.  Durante la visita comenta que al no estar regulada la medicación con los síntomas y el gran nivel de temblores que sufre, le provoca desesperación y desánimo.

La relación existente entre el usuario y la hermana es escasa, únicamente mantienen contacto telefónico en situaciones puntuales y en muchas ocasiones es debido a que el usuario no se ve capacitado para realizar o se ve limitado en las labores diarias o trámites que tenga que  efectuar de forma autónoma, precisando y solicitándole por tanto su ayuda. Durante las visitas ha demandado el apoyo moral y emocional de su hermana, ya que, es y ha sido inexistente en la relación.

Las relaciones vecinales son buenas siendo éstas su red de apoyo más próxima.

El usuario sale a la calle diariamente a realizar la compra y a dar pequeños paseos. Esta capacitado para hacer las actividades básicas de la vida diaria, pero para las labores de limpieza precisa de ayuda. Respecto a la limpieza del domicilio es escasa ya que, desde hace un año se suspendió el Servicio de Ayuda a Domicilio a petición del usuario. Este me comenta que es debido a que con las auxiliares que acudían al domicilio para la limpieza no establecían una buena relación con él y que se metían en sus asuntos personales. Pero sí que recuerda con mucho aprecio a una auxiliar con la que mantenía muy buena relación.

Al finalizar la visita, acudieron al domicilio dos trabajadoras sociales siendo una de ellas la responsable de zona que lleva el seguimiento del caso y la trabajadora social del centro de salud al que acude el usuario.   Hablando con ellas y contrastando la información que había recopilado me comentaron que están intentando desde hace tiempo que acuda a sesiones de salud psico-social en el que pueda llevarse a cabo un seguimiento mas exhaustivo y mejorar el bienestar psíquico del usuario.

Dispone del servicio de lavandería de la Ayuntamiento de Madrid.

En la primera visita que se realizó a este domicilio se redactó una notificación de incidencias a la Dirección General del Mayor, informando del estado de la casa y de la necesidad de este servicio. También le es ofrecido por la trabajadora social un grupo de terapia psico-social acorde y beneficiosa para su estado psíquico actual, pero este lo rechaza.

Las condiciones higiénicas y de habitabilidad del domicilio son malas, debido a la falta de limpieza y desinfección, esto se ve agravado por la presencia de un animal en el domicilio. El estado de la casa también es inadecuado, ya que, hay un gran número de humedades y el suelo está en mal estado.

Respecto al equipamiento de la vivienda es escaso, ya que, no posee calefacción, únicamente cuenta con una estufa y respecto a los electrodomésticos necesarios para la conservación de los alimentos, han tenido que ser facilitados por el servicio, siendo éstos la nevera y el microondas.

La higiene del usuario es la adecuada.

PLAN DE INTERVENCIÓN

 Como objetivo general y principal para realizar y desarrollar con el usuario los objetivos específicos sería la creación de un vínculo de intervención institucional más constante.

Ante la situación del usuario se plantea necesario y urgente el restablecimiento del SAD(Servicio de Ayuda a Domicilio), aunque sea de forma puntual durante un tiempo determinado para la limpieza del domicilio. Pero el usuario ante nuestra propuesta no lo considera necesario y rechaza la propuesta.

Es importante realizar un seguimiento más exhaustivo del caso, siendo positivo el acudir de forma periódica al centro de salud, y también restablecer un tratamiento adecuado al grado de la enfermedad en el que se encuentra, ya que, una disminución de los temblores mejorará su estado anímico y físico.

DILEMA ÉTICO:

Durante la visita que realicé al domicilio, el usuario me enseñó las diferentes habitaciones que poseía la vivienda y éstas se encontraban en una situación de insalubridad total, cuando se le es ofertado este dice rotundamente que no ya que, le crea desconfianza por las anteriores experiencias que ha tenido con la auxiliares.  Ante esta negativa ¿se le puede obligar que entren en su domicilio y realicen una limpieza de choque, o respetas su decisión ya que, es su domicilio y por tanto su propiedad?

La decisión y la intervención que o realicé en este caso fue informar y ser los ojos de todos los profesionales que no han acudido al domicilio con el objetivo de movilizar esta ayuda y entre todos hacerle consciente de esta necesidad.

 

CASO “SER CUIDADOR INFORMAL”

Filed under: ROSA MARÍA SÁNCHEZ MORENO — ROSA @ 10:28 am

Rosa Mª Sánchez Moreno

 

PRESENTACIÓN DE UN CASO

 

Mi madre Rocío, de 85 años de edad, permanecía acurrucada en un rincón, con la mirada fija en la pared de enfrente y no contestaba a mis estímulos,  más que con un sí o un no. Desde hace tres días, a parte de un par de cucharadas de sopa y un poco de agua dulce, se niega a tragar nada. Sin embargo no parece que esté enferma.

Me encuentro perpleja ante este comportamiento y preocupada por su salud, y para intentar animarla le hice una tarta. Pero mi madre desvió la mirada con cara de asco. Me sentí ofendida en cuanto a mis dotes de cocinera y  volví a llevar la tarta a la cocina dando un portazo.

Unos minutos más tarde, salí a comprar el flan que tanto le gusta a mi madre. Estaba segura de su éxito, y le presenté el flan e intenté obligarla a abrir la boca. Pero cuando le acercaba la cuchara, mi madre giró la cabeza y el flan cayó al suelo.

Me enfadé mucho y le dije: “¿No te da vergüenza tirarlo todo? ¡Menudo desperdicio! ¡Estoy harta de esforzarme tanto yo sola por alguien que ni siquiera lo aprecia! ¡Ahora no tienes más que limpiarlo todo tú! ¡Ha sido culpa tuya, no voy a hacerlo en tu lugar!”

Me sentía que la cara me ardía, estaba furiosa, y empujé con violencia el sillón de mi madre. A consecuencia de este gesto, mi madre se  golpeó contra el muro en la rodilla y gemía de dolor.

En ese momento me sentí ¡tan mal!, Me precipité sobre mi madre gritando y llorando: “¡Perdona, perdona! Todo es culpa mía. ¡Estoy tan cansada!”.

Adaptación de un caso, de la Guía sobre cuidados a personas con dependencia. Autor: J. Lluis Conde Sala. Universidad de Barcelona.

 

Problemáticas que plantea el caso:

– La incomprensión y el sentimiento de impotencia pueden generar para Marisa miedo y la necesidad de tranquilizarse sin tener en cuenta el derecho a la autonomía de su madre.

-La inquietud de Marisa frente a un cambio de comportamiento puede generar reacciones inadaptadas (Marisa quiere forzar a su madre para que coma).

-La reacción involuntariamente brutal de Marisa se puede interpretar como maltrato.

-La reacción de asco de Rocío provoca en Marisa un trastorno de su autoestima y de sus capacidades.

-Marisa interpreta la reacción de su madre como una agresión dirigida contra ella.

-Marisa se siente culpable por su reacción de rabia.

-Marisa le expresa a Rocío su sentimiento de culpabilidad y de agotamiento.

Cuando uno cuida cotidianamente de un ser querido, es normal que experimente toda una gama de emociones:

– Algunas grandes emociones se pueden identificar: placer, alegría, miedo, asco, rabia, sorpresa, tristeza.

– Algunas emociones son relativas a la enfermedad de nuestro familiar, mientras que otras están ligadas a todas las tareas que vienen transformando nuestra cotidianidad.

– Interiorizar sus emociones no tiene porqué ser malo en sí. Pero en el contexto de los cuidados, tiene como efecto el aumento de la sensación de carga.

– La verbalización es a menudo un buen método para que el cuidador evacúe una carga emocional que puede perturbar su relación al otro.

– Esta verbalización tropieza a veces con la dificultad de cada uno para hablar de sus sentimientos y emociones.

– Gestionar bien sus emociones permite a veces mejorar la relación de ayuda y prevenir situaciones de maltrato.

 

1. María está preocupada por el cambio de comportamiento de su madre que se niega a comer y por eso busca tranquilizarse proponiéndole platos que habitualmente aprecia.

Habilidad:

– Hay que intentar analizar lo que resulta irritante en este comportamiento (miedo, negación de una evolución de la enfermedad).

2. Marisa se siente ofendida en su autoestima por la reacción de Rocío.

Habilidad:

No sentirse directamente responsable del cambio de comportamiento. Los trastornos pueden tener otras causas:

– la ansiedad de la persona

– un comportamiento irrazonable puede tener su razón de ser.

3.Marisa tiene un gesto violento para con su madre.

Habilidad:

El agotamiento, la preocupación y la soledad frente a los cuidados pueden originar el maltrato:  prevenir solicitando ayuda.

 

Ideas erróneas muy extendidas:

– A situación idéntica, reaccionamos todos desde el mismo registro emocional.

– La tensión, la rabia, la tristeza, la culpabilidad que se siente cuando uno cuida de alguien día tras día no son sentimientos admisibles.

– Expresar sus emociones no conviene por respeto al sufrimiento de la persona dependiente.

– Pensar que uno es la única persona capaz de cuidar bien de su familiar.

– Sentirse culpable de la situación de la persona cuidada.

– Considerar que los comportamientos negativos de la persona dependiente están destinados a perjudicarle a usted: “Lo hace a propósito para fastidiarme.”

 

 

CASO LEONILA

Filed under: ROSA MARÍA SÁNCHEZ MORENO,Uncategorized — ROSA @ 9:53 am

Rosa Sánchez Moreno

PRESENTACIÓN DE UN CASO

El siguiente caso se presenta en una Residencia de Mayores y Centro de Día de la Comunidad de Madrid, en el que se presenta un dilema ético en base al principio de autonomía del usuario, y el principio de beneficencia.

Cuando ingresa la residente Leonila conocemos a una señora de 78 años con plenas capacidades de actuar, tanto física como psíquicamente. A pesar de que muestra salud y ninguna enfermedad que la haga dependiente sí muestra un estado depresivo debido al fallecimiento de su marido hace dos años.

La residente se adapta a las normas del centro positivamente, aunque se niega a acudir  a las diferentes actividades que ofrecen los departamentos de Terapia Ocupacional y de Fisioterapia, y no muestra actitudes sociales con el resto de compañeros. Suele permanecer en su habitación escuchando música o la radio, viendo la televisión, y realizando labores de costura.

Tras la petición de la llave del armario de su habitación, el equipo interdisciplinar se reúne para discutir si es totalmente autónoma como para responsabilizarse de la llave, a lo que se responde positivamente por parte de todos los miembros del equipo y se le hace entrega.

Dos semanas después se encuentra a Leonila en su habitación en mal estado con una botella de lejía abierta a su lado, de la cual ha ingerido una cantidad preocupante. Ingresa urgentemente en el hospital para la realización de un lavado de estómago y curas de quemaduras del aparato digestivo.

A su regreso se hace una intervención familiar y personal, donde se exteriorizarán las preocupaciones de todas las partes, así como las soluciones que se deberán de tomar. Pero primero pedimos a la usuaria si es posible que nos exponga las causas que le han llevado a realizar la ingesta desmesurada de lejía, a lo que la residente nos responde con total normalidad, pero algo de desconfianza:

“Mi marido y yo nos hicimos novios cuando yo tenía 17 años, ¿sabe usted? Y desde entonces nunca nos hemos separado, y nos hemos querido mucho. Así que cuando llegamos a la vejez hicimos un pacto porque no sabíamos qué sería de cada uno sin la compañía del otro, llegando a la decisión de que cuando uno de los dos muriese el otro se quitaría la vida para seguir juntos en la vida que haya después”.

El impacto de este relato deja aturdidos tanto a familiares como profesionales ya que la razón que expone no sólo depende de ella, es decir, que lo ha hecho porque es una promesa que hizo a su esposo, y si no lo consigue lo sentirá como una traición.

La intervención que se realiza se hará desde los departamentos de Psicología y Trabajo Social principalmente con la función de tratar a la usuaria haciéndole entender que no puede tener esa decisión, ya que sus hijos están sufriendo con su comportamiento. Inicialmente no muestra comprensión ya que ella piensa que su marido estará sufriendo también por no tenerla junto a él.

En el centro se toman serias medidas:

-En cuanto a su autonomía, se supervisará su dormitorio muy a menudo ya que ha puesto en peligro su vida, y se hará la retirada de la llave de su armario, en el cual guardó anteriormente la botella de lejía que utilizó para intentar suicidarse.

-Se realizarán supervisiones diarias de los objetos que guarda en su habitación, contando con el consentimiento previo aceptado por la familia.

 

CASO GERARDO

Filed under: ROSA MARÍA SÁNCHEZ MORENO — ROSA @ 9:39 am

mayoresRosa Mª Sánchez Moreno

PRESENTACIÓN DE UN CASO

La Institución en la se trata el caso es en una Residencia de Mayores de la Comunidad de Madrid.

El caso expuesto a continuación trata sobre el residente Gerardo de 76 años, que padece la enfermedad de Alzheimer y cirrosis hepática. El residente se jubiló hace 12 años, durante los cinco últimos años lleva sufriendo  la enfermedad del Alzheimer, motivo principal por el que la familia acude a una institución residencial.

Del matrimonio habido entre éste y su mujer Luisa nacieron dos hijas, Cristina y María de 46 y 42 años,  y un hijo varón, Gerardo (o Gerardín), de  40 años, quien vive con la madre. Siendo éste el principal referente para el centro en cuanto a cualquier posible incidencia con su padre.

La familia desde el primer contacto con ellos, demuestran sentimiento de culpabilidad al “encerrar” (según verbalizaciones del hijo) a su padre aquí, por lo que los fines de semana se llevan al residente a casa, ya que disponen de más tiempo libre y pueden encargarse entre todos del cuidado de éste.

Inicialmente no se da importancia a las salidas que realiza el residente los fines de semana, ya que se trata de una persona con Alzheimer y esta enfermedad ya es motivo suficiente para que se dé una difícil adaptación al cambio cada vez que regresa del que hasta ahora ha sido su entorno habitual. Sin embargo, pasadas unas semanas en las que la familia se lleva al residente desde el viernes por la tarde, hasta el lunes por la mañana, se comienza a notar al residente agresivo tanto con los profesionales del Centro como con los demás residentes, a quienes altera y pone nerviosos, por lo que se mantiene entrevista telefónica con el hijo, indicándole las conductas disruptivas que tiene su padre, dando lugar a la difícil adaptación al centro debido a las salidas que realiza los fines de semana, a lo que el hijo contesta que considera que su padre es feliz sólo en su casa, por lo que va a seguir manteniendo esas salidas. Se le insiste: “Cada vez que vuelve de su casa, empezamos como si fuera el primer día, obligando a Gerardo a volver a pasar por esos malos momentos.” Se le pide mantener una entrevista para exponer más claramente la situación, y accede.

Acude su hijo Gerardo y su hija María. Se les informa del seguimiento y las conductas que ha mantenido el residente desde su ingreso. La hija se muestra más colaboradora y consciente de la situación en comparación con su hermano, quien se comporta de una manera agresiva, verbalizando en ocasiones: “Lo que tenía que hacer es coger a mi padre y tirarle por un barranco, que ya para lo que va a disfrutar de la vida…” Su padre se encuentra presente y le habla con tono despectivo. Se le indica que las verbalizaciones y conductas que mantiene con su padre no son muy acertadas, ya que Gerardo no es consciente de su enfermedad y todo esto no lo hace voluntariamente. Se le dan algunas indicaciones y pautas de intervención ante situaciones que sufre Gerardo. Después de una larga charla y cruce de impresiones, acceden a colaborar con nosotros: aceptan a no sacarle del centro todas las semanas, si no más espaciadamente y a integrar su nueva vivienda (Centro residencial) con su familia, normalizando la situación. Ya que si lo que disfruta lo hace fuera del Centro, llegará a condicionarlo y a la hora de la vuelta le supondrá un gran trauma. Así que se intentará que esa interacción con los miembros de la familia se haga dentro.

Ciertamente la familia cumple sólo en parte, ya que en vez de llevarse a Gerardo todos los fines de semana, lo harán cada dos semanas.

Poco tiempo después de haber mantenido esta reunión, desde el comienzo de la mañana el residente comienza a tener un comportamiento nervioso y agresivo, coincidiendo con haber regresado al centro el día anterior, pasando con su familia el fin de semana en su casa:

Durante el desayuno el residente se mostraba nervioso con el personal, preocupado porque según él, alguien le había robado 5000pesetas. Comienza a enfadarse y a empujar a todo el personal que se acercaba a él para tranquilizarle, pero sólo se le nota calmado cuando le dicen que le darán su dinero.

El residente se pone tan agresivo que la única solución para calmarle es inyectarle un antipsicótico (Haloperidol), en un intento de que se quede dormido y se le pase el brote psicótico que estaba sufriendo, el cual tardaría en hacer efecto media hora. El residente se sienta en el despacho de la trabajadora social y no la deja salir hasta que “no le devuelvan su dinero”, mientras intenta ofender a todos aquellos que se acercan al despacho con insultos como “putas, zorras, comemierdas, ladronas…”. El antipsicótico no hace el efecto en el tiempo esperado, por lo que se realiza una llamada a su hijo para explicarle la situación; se le pide que acuda al Centro lo antes posible para que vea el estado en el que se encuentra su padre, e informarle de que se llamará al servicio de psiquiatría para que le atiendan urgentemente y valoren un cambio de la medicación. En el trascurso de la llamada el residente continúa dando gritos e insultando al personal del Centro, el hijo durante la llamada lo escucha todo.

Cuando acude el hijo, el residente está más calmado después de una segunda inyección, a recomendación del servicio de psiquiatría del Infanta Leonor. Al entrar el hijo en el despacho se muestra muy disgustado e incluso avergonzado por los insultos que ha oído por teléfono. La medicación ya ha empezado a realizar su efecto, por lo que el residente se muestra mucho más tranquilo, también por la presencia de su hijo.

Cuando Gerardín le pregunta qué ha hecho y por qué lo ha hecho, su padre le contesta que él no ha hecho nada, que se ha portado bien y no ha hecho nada malo a nadie. Lo dice con total seguridad, ya que es posible que no se acuerde de nada de lo que ha pasado durante las últimas dos horas.

El hijo, al ver que su padre no reconoce lo que ha hecho se enfada y le grita, verbalizando, como en ocasiones anteriores: “Lo que tengo que hacer es acabar con esto tirando a mi padre por un barranco, que ya no sé si es mejor que esté así o muerto”, a lo que acto seguido le pregunta a su padre: ”¿Qué hacemos contigo, papá?” y el padre le contesta, dentro del adormecimiento en el que comienza a encontrarse: “Pues si me tenéis que matar… si es lo mejor para vosotros me matáis y punto”.

Se le vuelve a explicar a Gerardín que su padre está enfermo, que en ningún momento ha ofendido a nadie, ya que lo que ha pasado no lo ha hecho conscientemente, a pesar de que en algún momento algún profesional sí haya sentido algo de miedo e inseguridad al no saber cómo iba a reaccionar. Que no ha de regañarle de esa manera, y que aunque sea difícil hemos de poner todos de nuestra parte para una buena normalización de la situación.

Se observa en este encuentro la negación del hijo de asumir la enfermedad de su padre. Parece no entender que las actitudes que muestra su padre no son voluntarias, sino que son consecuencia de la enfermedad que padece.

A la vuelta del residente del servicio de psiquiatría, el paciente trae nueva medicación que le relajará y evitará esos brotes psicóticos agresivos.

Se vuelve a citar a los familiares del residente para tomar medidas frente a la situación, ya que esta última incidencia tuvo lugar un miércoles, tras haber pasado el fin de semana fuera con su familia, regresando al centro el martes.

A la reunión acuden Gerardín y María (hijos del residente). La citación tiene lugar en la sala de reuniones con el Equipo Multidisciplinar (que se compone del director del centro, CDUE, trabajadora social, asistente de dirección, jefa de servicios generales) y el Equipo Interdisciplinar (compuesto por psicóloga, terapeuta ocupacional, fisioterapeuta y enfermera). Se reúne a todos estos profesionales para que reciban la misma información que nos aportará la familia, así como para que sean conscientes de las medidas que se tomarán respecto al asunto y puedan dar cada uno su opinión al respecto.

Prácticamente la palabra la tienen el director y el hijo del residente, aunque todos los profesionales dan su opinión, así como también habla la hija, quien se muestra más colaboradora con la proposición que ofrece el centro:

Se explica los principales motivos de la reunión en cuanto a las complicaciones para a adaptación del residente cada vez que realiza una salida, así como el estado nervioso de éste.

Se vuelve a explicar la normativa del centro en cuanto a los días de salida y las autorizaciones de estas salidas que las ha de otorgar el director del Centro.

Se proponen soluciones:

–          De manera inmediata: cambio de actitud de la familia. Se les explica que es necesario un cambio, que sean ellos quienes se adapten al nuevo hogar de su padre: la residencia, para que empiece a asociar este lugar a su familia y no lo vea como un lugar solitario sin la presencia de ellos. Que vengan siempre que quieran, y lo intenten acompañar el mayor tiempo posible, pero dentro de la residencia. Y más adelante, si de esta manera el residente empieza a eliminar sus conductas nerviosas y agresivas, se realizarán salidas diurnas, hasta que se vaya consiguiendo una buena conducta, o dentro de lo posible, la mejor.

–          Si la familia no está dispuesta a colaborar de esa manera, se procederá a la derivación del residente al servicio de psiquiatría cada vez que se muestre agresivo. Opción que es descartada por el hijo verbalizando: “Mi padre no está loco, y ¿le queréis mandar con todos los locos?”.

(Se le explica que eso se dará en caso de que quieran seguir realizando salidas semanales, a las cuales el director no quiere negarse, pero se les recalca que puede, siempre pensando en el beneficio del usuario.)

Soluciones que se tomarán dentro del centro:

–          El residente será trasladado a la sala psicogeriátrica, donde se encuentran otros residentes con diversos trastornos de conducta que alteran al resto. En esta sala se permiten un máximo de 14 usuarios, donde tienen una atención más personal, y al estar aislados del resto les proporciona una mayor tranquilidad interior.

–          Petición a la familia de que acudan a visitarlo si es posible diariamente para que comience la asociación residencia-hogar, al ver dentro del centro a su familia.

Tras una larga charla en la que intervienen todas las partes se acuerda que la familia estará un mes sin realizar salidas fuera del centro con el residente. En este mes se realizará un seguimiento del usuario en el que se valorará su actitud en cuanto a nerviosismo y agresividad, tanto verbal como física.  Cuando pase un mes se realizará una salida de fin de semana, tras la valoración previa de los departamentos, a petición de la familia y se valorará el comportamiento del residente a su regreso.

Si el residente muestra el cambio de actitud esperado: más calmado, sin muestras de conducta agresiva, se seguirá con las pautas de permanecer en el centro los fines de semana, ofreciendo salidas a comer fuera del centro, pero permaneciendo las noches en la residencia.

EVOLUCIÓN Y RESULTADOS:

La familia pone de su parte para cumplir las indicaciones que han ofrecido los diferentes departamentos del centro:

Organizan unos horarios de visitas: la esposa del residente acudirá por las mañanas y por la tarde los hijos.

Pasado un mes sin salidas nocturnas fuera del centro, la familia habla con la trabajadora social para valorar la posibilidad de llevar al residente un fin de semana a su casa. Viendo que los familiares han cumplido con su parte, se procede a realizar una salida, y evaluar la situación a su vuelta, a pesar del miedo a perder todo lo que se ha conseguido hasta el momento.

A la vuelta se valora la evolución del paciente, y a pesar de mostrarse algo intranquilo y nervioso, no tiene un comportamiento agresivo que perjudique a terceros, por lo que se seguirá realizando salidas mensualmente, previa valoración de los profesionales.

*Os dejo aquí un link de un cortometraje sobre el Alzheimer, que puede identificar al residente y al hijo del caso, además es una bonita reflexión:

http://www.youtube.com/watch?v=CfEOwQnd-OM

 

CASO PLÁCIDO junio 4, 2013

Filed under: CRISTINA HERNANDO SERNA — ROSA @ 11:04 am

Este caso lo conocí en las prácticas, ¡a ver que os parece!

CASO PLÁCIDO
El caso se conoce a través de su derivación al SAD en el año 2010. Plácido es un hombre de 72 años, vive solo, ya que su única familia consta de un hermano menor (Pedro, de 67 años), que vive en otra provincia, aunque le visitaba con regularidad.

La derivación se realizó debido a que los vecinos denunciaron la situación del usuario, por los malos olores que emanaban de su vivienda, lo desaseado que le veían siempre, y porque habían notado cambios de humor y habla irracional en algunas ocasiones. En esta época, Pedro había tenido un pequeño accidente y se encontraba mal de una pierna, por lo que llevaba bastante tiempo sin aparecer por casa de su hermano.

En el domicilio se encontraron montañas de objetos, basuras, cajas de comida de todas clases y tipos. La casa estaba infestada de cucarachas, y prácticamente no se podía acceder a las habitaciones. Plácido actuaba como si su vivienda fuera completamente normal, y lo único que admitía al preguntarle era que “últimamente estaba encontrando muchas cosas útiles, y que debía hacer limpieza y tirar algo”.

La trabajadora social de referencia, tras la valoración del caso, planificó con emergencia una limpieza de choque, debido a que las condiciones en que vivía el usuario eran insalubres. El diagnóstico de Plácido estaba claro: padecía Síndrome de Diógenes. Este accedió a que se realizara la limpieza, después de una larga charla con la trabajadora social y la coordinadora del SAD, que consiguieron convencerle. Ahora bien, cuando regresó a su domicilio, se puso a llorar, porque “le habían quitado todo, eso era suyo, se lo habían llevado para quedárselo”.

Se contactó con Pedro, hermano del usuario, pero éste seguía convaleciente de la pierna, y tenía algunos problemas familiares, por lo que se comprometió a mantener contacto telefónico continuo con Plácido, pero manifestó que las visitas no iban a ser posibles de momento.

Se puso en marcha el SAD, con una frecuencia de 10 horas a la semana, y que comprendería las Tareas del Hogar (fuerte y sencilla), la compra, comidas y la plancha; y se contrató con el usuario que se realizaría el aseo personal por sí mismo, pero con la presencia en el domicilio de la auxiliar.

El servicio se distribuyó en 2 horas/día, de lunes a viernes, para que se pudiera conservar la higiene del domicilio, mantener un control sobre los objetos que acumulaba el usuario, e informar a la coordinadora de referencia.

Así, ha pasado el tiempo, y no se habían producido muchos cambios en la situación de Plácido, con el apoyo de las auxiliares de ayuda a domicilio, y las visitas continuas realizadas por la coordinadora del SAD, que ha ido hablando con el usuario sobre los objetos que acumula y llevando un control, respetando sus decisiones de almacenar algunas cosas, pero instándole a elegir y haciéndole ver los objetos que no son necesarios. Plácido se justifica diciendo que él utiliza esos objetos, pero se muestra razonable a la hora de reconocer la inutilidad de algunas cosas, como la comida pasada de fecha de caducidad.

Hace cuatro meses, la auxiliar de ayuda a domicilio informó de que el usuario presentaba muy mal humor últimamente, que casi no comía los alimentos realizados por la auxiliar, y que se mostraba muy desconfiado con ella, afirmando que “le iba a robar sus cosas”. Se realizó una visita y se comprobó que Plácido se mostraba muy huraño, incluso con la coordinadora, con la que siempre había sido muy amable. Además, se apreció que no razonaba a la hora de reconocer que los objetos que recogía eran de la basura, y se negaba a desprenderse de ellos.

Ante esta situación, se puso en conocimiento de la trabajadora social, que le instó a acudir al médico para hacerse una revisión y ver si había surgido algún problema, a lo que Plácido se negó. Por esto, se reforzó el servicio con horas extra a la semana, y se realizó un seguimiento más exhaustivo a través de la auxiliar y la coordinadora de ayuda a domicilio.

La semana pasada, llegó al SAD la noticia de que había tenido que acudir a la vivienda la Policía Local, debido a que el usuario había salido a la calle, a medio vestir, muy sucio y gritando e insultando tanto a sus vecinos como a las auxiliares, diciendo que “todos querían robarle sus pertenencias”. Estaba muy nervioso y agresivo, por lo que la Policía tuvo que reducirle e informar sobre la situación de esta persona.

Me parece bastante interesante este caso, ya que el usuario se sigue negando a acudir a ningún tipo de médico (para detectar posibles problemas de salud debido a su mala alimentación y a su avanzada edad), ni a ningún especialista de Salud Mental, lo que sería beneficioso debido al avance del Síndrome de Diógenes.

Ante esta situación, ¿qué se debe hacer? Siempre hay que respetar el principio de autodeterminación de las personas, y, en este caso, si el usuario se niega en rotundo a acudir a ningún tipo de tratamiento, no podemos obligarle. Pero, por otra parte, existen unos límites de la autodeterminación: el daño a terceros, y el daño a sí mismo por parte del usuario.

El daño a terceros se está dando, ya que los vecinos tienen múltiples quejas sobre Plácido, por lo que se ha comentado anteriormente (malos olores que emanan de su vivienda, insectos propios de la acumulación de basuras, el mal comportamiento del usuario en algunas ocasiones…). Cuando se habla con ellos, afirman que “les da pena, es un hombre que siempre ha sido muy agradable, y que lleva muchos años viviendo en el piso, por lo que le tienen cariño”, pero, por otra parte, conviven en el bloque familias con niños, y se muestran incómodos por la suciedad y los cambios de humor del usuario.

Además, Plácido se está haciendo daño a sí mismo, ya que las condiciones en que vive no son las apropiadas para una persona de su edad, y, debido a la negativa evolución en su estado de ánimo y su razonamiento, el pronóstico (si la situación continúa como está) no será nada favorable.

Por esto, se nos presenta un dilema: ¿Qué podemos hacer? ¿Nos saltamos el principio de autodeterminación y actuamos en favor del usuario y de los vecinos, o lo respetamos y dejamos que Plácido siga viviendo en estas condiciones?
En este caso, y a la espera de una nueva evolución, se ha decidido reforzar el servicio de forma que la vivienda de Plácido se mantenga aseada, y se proponen las siguientes actuaciones de intervención:

– Visitas periódicas (1 cada 15 días) al domicilio de Plácido por parte de la trabajadora social de referencia y la coordinadora del SAD (con la que el usuario tenía muy buena relación y mucha confianza), de cara a la exposición de las ventajas que tendría para él asistir a algún tipo de especialista, y a convencerle de que debe cuidar su salud y acudir al médico.
– Se reforzará el servicio de comidas, ajustando los horarios de SAD a las horas previstas (13.00-15:00), para que la auxiliar pueda observar la alimentación del usuario, si come los alimentos que se le preparan.

– Se contactará con el Centro de Salud Mental municipal, para exponer el caso y presentar la posibilidad de que un profesional pudiera acompañar a la trabajadora social y la coordinadora en las visitas al domicilio, para valorar el estado del usuario y su evolución, y de cara a que éste comprenda que los profesionales sólo quieren ayudarle, y que sería beneficioso que acudiera a algún tratamiento (aceptación del problema).

– Contacto con Pedro, hermano del usuario, para exponerle la situación y solicitar que se implique en el cuidado de su hermano, si no fuera posible con visitas, de forma telefónica, e informando a las profesionales de los cambios que pueda observar en el razonamiento y el ánimo de Plácido.

Cuando se me expuso este caso, y realicé la visita al domicilio, me pregunté a mí misma: ¿pero, si en la mayoría de las enfermedades mentales, el usuario no se da cuenta de que la padece (porque la enfermedad hace que, para la persona, su comportamiento sea normal y justificado) cómo podemos convencerle de que necesita algún tipo de ayuda? Y, en los casos en los que no existen familiares que puedan observar la situación día a día e instar al usuario a pedir apoyo, ¿debemos dejar que continúe el problema? Entonces, ¿no estamos dejando a las personas más necesitadas de ayuda a su merced? ¿Qué pensáis vosotras?

CRISTINA HERNANDO SERNA

 

CASO 3 junio 3, 2013

Filed under: VANESSA CARRETERO MARTIN — ROSA @ 7:38 pm

Se trata de dos hermanas las cuales comparten domicilio desde hace apenas cinco años, desde ese momento, la relación entre ellas ha sido buena, pero en la actualidad la situación ha cambiado y ha dado un giro de trescientos sesenta grados.
Todo comenzó hace un año aproximadamente y vino provocado por una pelea entre ambas; la situación-problema vino dada por la pérdida de los objetos personales de una de ellas. Dicho acontecimiento acarreó conflictos entre ambas, ya que una de ellas acusaba a la otra de robar sus pertenencias. Estos acontecimientos, con el paso de tiempo se han vuelto cada vez más tensas, llegando a enfermar una de las hermanas por las constantes discusiones.
Una de las usuarias comenta que antes de vivir en el domicilio de su hermana, tenía una casa, la cual se la alquilaba a un familiar de ambas, pero cuando éste murió ella tuvo que abandonar el domicilio, ya que iba a ser vendido y por lo tanto ya no podía quedarse allí.
Ella, recibe una pensión bastante alta ya que ha trabajado durante años en un puesto de directiva de una empresa muy conocida.
Por el contrario, la segunda mujer, recibe una pequeña pensión y tiene su propio domicilio.
El domicilio no se encuentra adaptado a estas dos mujeres, hay muchas escaleras y los baños no están adaptados ninguno de ellos. A su vez, observamos que en el domicilio hay humedades y esto provoca que haya malos olores.
En este momento, la situación no es sostenible, ya que ambas mujeres tienen 70 y 71 años de edad y los conflictos entre ellas y las desconfianzas están enturbiando la relación.
En cuanto a la valoración, podríamos decir que en caso de no intervenir ambas sufrirían mucho con su situación y llegaría un momento en que no podrían seguir viviendo en el mismo domicilio.
En relación con la intervención entre ambas mujeres va a resultar difícil ya que es evidente que hay problemas entre ambas, pero cabe resaltar que una de estas mujeres no afronta ni reconoce la realidad.
Intervención:
-Trabajar con ambas las relaciones personales
-Informar sobre las posibles alternativas para que pudieran vivir en domicilios separados, pero manteniendo la relación y los lazos familiares que hay entre ambas.
-Se las informará sobre los diferentes recursos disponibles para los mayores (centros de día, residencias, servicio de ayuda a domicilio, pisos tutelados para mayores, etc.).
-¿Podrán nuestras hermanas solucionar sus conflictos?
-¿Piensas que alguna de ellas puede padecer deterioro cognitivo?
-¿Qué alternativas darías tú para solucionar la relación de ambas?
-¿Crees que su familia debería inmiscuirse en su relación y proporcionar un apoyo externo al institucional?

Mi recomendación para este caso es una película llamada “La caja de pandora” donde obtendréis algo de información acerca de la situación de una de las hermanas.
La Caja de Pandora”, dirigida por Yesim Ustaoglu, obtuvo la Concha de Oro a la mejor película y la Concha de Plata a la mejor actriz en el Festival de Cine de San Sebastián 2008.